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Ciudadano Serpico

Por si a alguien se le ocurre googlear mi nombre.

La Embajada: Más errores que aciertos.

Hace casi tres semanas acabó la serie española, La Embajada, el intento de Antena 3 de hacer una serie de temática política. En el balance, la serie de once capítulos, tiene más errores que aciertos. A pesar de tener cualidades para ser desarrolladas con inteligencia estas son desaprovechadas. El resultado hubiese sido otro si se tocaban mejor la temática de la corrupción y el de la cultura tailandesa.
En muchos países las series de política son cada vez más frecuentes, por ello en España con La Embajada se buscaba complacer a los televidentes amantes del género. Pero los resultados son bastante magros y desalentadores. La historia vista de manera general tiene ideas interesantes que de haber sido explotadas al máximo hubiesen dado mejores resultados. La primera idea de donde se podían obtener diálogos bien pensados y que mantengan en suspenso la historia, es la temática de la corrupción. Un tema bastante hablando hoy en día y con referencias conocidas como el escándalo de la constructora Odebrecht en Brasil. Es una línea argumental que pudo lograr consistencia del suspenso y la intriga en cada episodio. Por el contrario, la corrupción, fue tocada como un aspecto lejano que se perdía en los enredos amorosos de la esposa del embajador con el novio de su hija o la obsesión de una secretaria con su jefe. Sin embargo, en este punto debemos rescatar el rol de Carlos Bardem haciendo de Paco Cadenas, un hombre que conoce de las negociaciones por debajo de la mesa y que justifica sus actos con total descaro. En sus argumentos, se construyen los mejores discursos de serie. Puede tomarse como una crítica al cinismo de los empresarios y al poco respeto que tienen por las instituciones.
La embajada de la serie es la de España en Tailandia. La tradición y cultura de este país asiático es desaprovechado a lo largo de los once capítulos que se desarrollan en ambientes interiores. Probablemente un tema de presupuesto. No hay contacto con personajes tailandeses, ni cuando se trata de representar a la familia imperial, utilizan a extras sin diálogo. Es una historia de españoles en Tailandia, como si el entorno no pasara por ellos y daba lo mismo que fuese en Tailandia como en Angola.
La serie peca además por su inverosimilitud. Esto no es responsabilidad de los actores, sino que los personajes son expuestos a situaciones muy improbables. No sé cómo puede pensarse que el embajador va a discutir asuntos de la embajada a la hora de la cena familiar como si estos fueran problemas domésticos. Los conflictos internos entre los funcionarios de la embajada son comentados por la hija y el yerno del embajador, poco creíble. Un exceso de simplismo para resolver los meollos de la historia, con cámaras de vigilancia por diversas partes al estilo del Gran Hermano. Cada capítulo no resolvía ningún conflicto, era continuado como telenovela y por momentos sumamente aburridos.

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Bloodline segunda temporada: ¿Nos hemos vuelto cómplices del asesinato de Danny?

Si la temporada anterior todos queríamos matar a Danny, es consecuente que ahora todos nos sintamos cómplices del asesinato.
Netflix estrenó el 27 de mayo la segunda temporada de Bloodline. Los sucesos inmediatos a la muerte de Danny agobian a los hermanos Rayburn. Son ejemplo de aquello que dicen “no existe crimen perfecto”. Nuevos personajes se suman a la historia y se conocen pasajes de la vida de Danny a través de flashbacks.
John, Meg y Kevin continúan sus vidas con aparente normalidad. Pero la verdad, la muerte de Danny, está acabando con ellos. Probablemente, el cargo de conciencia, en aquellos que creen haber quebrado su ética y su moral, los confronta con la incertidumbre entre confesar lo que saben o seguir destruyendo sus valores para preservar su libertad. Pensaba que el tránsito a ser personajes corrompidos por las circunstancias sería más rápido, pero los hermanos Rayburn están resistiendo y no quieren convertirse en todo lo que despreciaban de Danny.
A pesar de su muerte, Danny, sigue causando problemas. Sus acciones previas a su muerte están arrastrando a sus hermanos a más líos. Y lo que parecía la solución, matarlo, ha resultado el inicio de muchos problemas nuevos. John ha decidido postularse al cargo de alguacil, aun sabiendo que eso atraerá las miradas sobre él y su familia. Algo medio tonto a mi parecer. Meg, la única decida en rehacer su vida, está en problemas a causa de Danny. Para variar. Tiene que volver a Monroe y sumergirse en los problemas de sus hermanos. Kevin es a veces tan detestable como Danny, porque no ha dejado de equivocarse y de complicar la situación.
El último capítulo nos presentó al que obviamente era el hijo de Danny, Nolan. Es de los nuevos personajes que junto a su mamá y la pareja de esta están ahí para complicarlo todo. Conocemos de ellos por flashbacks de la relación que tenían con Danny. Manejan información que pone en peligro los planes de los Rayburn. Claramente la aparición de estos personajes resulta vital para el desarrollo de la historia y el aumento del suspenso. Lo que parecía un círculo casi concluido del asesinato, avanza mejor con estas nuevas caras.
Así, en la segunda temporada de Bloodline no se ha solucionado nada. Nadie ha sido inculpado o alguien ha confesado su crimen. Las situaciones se siguen complicando, los conflictos que antes eran domésticos ya no lo son. Tienen constantemente que lidiar con las investigaciones de la DEA, con las acusaciones de sus rivales, con las últimas acciones de Danny y sobre todo con las consecuencias de sus acciones. No hay respuesta, hay más crimen y menos ética en los hermanos Rayburn.

“Democracy is so overrated”

Hace un par de días, un amigo, soltaba la frase “La democracia está sobrevalorada” en medio de un debate sobre la coyuntura política en Perú. El Mundo de España publicó una conversación ficticia entre Pablo Iglesias y Frank Underwood. Y es que valgan verdades, lo que hizo Iglesias el 25 de enero con Pedro Sánchez, parecía un capítulo más de House of Cards. Barak Obama se ha declarado fanático de la serie y en mi país uno que otro político de poca monta ha querido comparar sus fechorías con el guion de la serie, pero ni a “turn down for what” han llegado.
House of Cards, la serie de Netflix que protagonizan Kevin Spacey y Robin Wright, es el tema de conversación favorito entre los frikis que nos apasionamos con política. La cuarta temporada ha conseguido superar holgadamente la temporada anterior. Si con la tercera temporada nos quedamos con la sensación de “¿eso fue todo?”, esta última temporada; rebaza expectativas. Podría decirse que existe una disputa por definir si es tan o más buena que la segunda temporada.
La campaña ha iniciado, pero las cosas no andan bien para el presidente Underwood. Su popularidad va cuesta abajo y los problemas en su entorno más íntimo empiezan a ocasionar una serie de problemas. La primera mitad de la temporada, los conflictos son provocados por la mismísima Claire Underwood, algo que hasta el momento no se había visto. En la otra mitad, debe agudizar su estrategia para vencer a su rival republicano.
Con la consigna de ganar, Claire y Frank, se han propuesto “hacer el terror”. Muchos memes ya rondan el ciberespacio haciendo alusión a la frase de este par de corruptos. ¿Pero a qué se refieren con el terror? ¿Será acaso aquello que Michael Foucault llamaba mecanismos de control? Recordemos el libro de Foucault, Vigilar y castigar, y sus enormes alusiones a los castigos “terroríficos” en el siglo XIX impartidos por la justicia en espacios públicos con la finalidad de dejar el indeleble recuerdo en las mentes de las personas. En nuestros tiempos el control ya no excede sus mecanismos de terror para garantizar el poder de las instituciones, se vive de manera más sutil, pero en muchas ocasiones más efectivo. Lo más seguro es que los Underwood prefieran usar a la OCI (1) para a través de ellos asegurarse la victoria en las próximas elecciones. Sí, aún sigue la campaña.

Dato: Los mejores capítulos son los dirigidos por Robin Wright

1. Organización de Califatos Unidos. Grupo terrorista ficticio en la serie. Hace referencia al conocido Estado Islámico.

A propósito de Spotlight

Hace unos días le pregunté a mi mamá: ¿Qué harías si alguno de sus hijos hubiese sido abusado sexualmente por un sacerdote? Me interesaba conocer cómo habría reaccionado en esa situación, a quién hubiese recurrido, si hubiese callado por el bien de su religión o por vergüenza. Quería conocer las respuestas de alguien profundamente religiosa, como es su caso. Rápidamente y con algo de desconcierto, mi mamá, respondió que denunciaría a la persona sin importar que fuese sacerdote. Que buscaría justicia de manera implacable.
Estas dudas surgen desde hace algunos meses. Primero como consecuencia de la publicación del libro “Mitad monjes, mitad soldados” de Pedro Salinas y de Paola Ugaz. Y, en estos últimos días, por el estreno de la película Spotlight. Ambos casos narran historias de abusos sexuales dentro de la iglesia católica. Si ya de por sí, la violación, resulta un hecho repudiable, más lo es el encubrimiento de la iglesia católica en los dos casos.
En “Mitad monjes, mitad soldados” las victimas describen al detalle la forma en que el abuso se produjo. Señalan a Luis Fernando Figari como el autor material de las violaciones, quien además es el fundador y hasta hace poco Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana. La publicación del libro ayudó con la difusión de estos hechos que ya habían sido denunciados como casos aislados y en algunas denuncias periodísticas. Si embargo, lo que Salinas y Ugaz describían son crímenes cometidos con premeditación y develaban la estructura de una institución que operaba con la finalidad fáctica de captar a jóvenes para abusar sexualmente de ellos.
En Perú, un país de más de 16 millones de católicos, la publicación del libro tuvo mayor impacto que las denuncias anteriores, a mi manera de ver, por dos razones. La primera, por la contundencia de las acusaciones de las víctimas. La segunda, la difusión de la noticia a través de las redes sociales. El impacto del internet, la llamada “democratización de la información”, ha golpeado fuertemente a la iglesia católica. El twitter y las páginas web difundieron la información antes que los canales de televisión. Los blogs personales de periodistas y de personas que conocían los hechos de cerca calaron profundamente en la población. A la iglesia no le quedó otra opción que tomar acciones contra los responsables, aunque muchas de ellas bastante contemplativas.
Las nuevas alternativas (twitter, Fb, blogs) de transmisión de la información, permiten a los ciudadanos tener conocimiento de hechos que los medios tradicionales de comunicación (televisión, radio y prensa escrita) no mencionan. Elio Masferrer (2009) afirma para el caso mexicano que la inmensa mayoría de los medios están en manos de personas católicas y que además los anunciantes también lo son, lo que posibilita la conformación de un bloque católico poderoso que impide la difusión de información que dañe la reputación de la iglesia del Papa Francisco. Al igual que en México, el Perú es altamente católico y si existiera algún lobby en los medios de comunicación tradicionales, la información igual sería propalada por las nuevas alternativas de las que hacen uso aproximadamente el 50.9% de peruanos según la última encuesta realizada por el INEI.
Spotlight es la película dirigida por Thomas McCarthy y es una fuerte candidata al Oscar. Narra los hechos reales del proceso de investigación y publicación de la unidad de investigación del diario estadounidense Boston Globe sobre las denuncias de violación en la iglesia católica. Al igual que en el caso peruano, las violaciones no son hechos aislados y particulares cometidos por un sacerdote. Son más de 90 casos de abuso sexual contra menores de edad, lo que hace pensar la posibilidad de un hecho sistemático y coordinado. El objetivo principal de los investigadores en la película no se reduce a las violaciones, sino descubrir los profusos entramados de coimas y sobornos a los que recurre la iglesia para acallar las voces de las víctimas.
En la escena inicial se ve a un sacerdote que habla con un niño al que trata de convencerlo de lo “equivocado” de su comportamiento, para evitar la denuncia. Las autoridades eclesiásticas utilizan esta especie de dominación pastoral para manipular las conciencias de niños que, confundidos y atemorizados, pueden retractarse. Es el mismo mecanismo de sometimiento con el que los atraen para luego abusar de ellos. Cuando no consiguen resultados por este medio apelaran a sobornos y presiones a jueces y fiscales.
La historia de Spotlight retrata el remar contra la corriente de muchas de las personas que se han dedicado a este tipo de investigaciones. El sentimiento de la ética que no se doblega ante las presiones desde altas jerarquías. En países como México, informar sobre las denuncias de violación, han causado el despido de periodistas y el retiro de publicidad en los canales que transmitieron estos reportajes:
Los mecanismos de control no eran “visibles” hasta la emisión en Canal 40 de una entrevista a ex – sacerdotes y ex – seminaristas que se declaraban víctimas de abuso sexual por parte de Marcial Maciel, fundador y Superior General de la Legión de Cristo. Simultáneamente, se publicaron reportajes en La Jornada sobre el mismo tema. El resultado final fue la quiebra del Canal 40 por retiro de la publicidad, y en el caso de La Jornada, el periodista fue sutilmente obligado a renunciar. La sombra de la quiebra de Canal 40 fue algo constantemente destacado por conductores y productores de programas cuando se les proponían temas “audaces” en materia religiosa” (Masferrer 2009: 104).
El fenómeno de la globalización le ha puesto a la iglesia católica su mayor prueba, ahora en tiempos de internet, debe medir el impacto de sus homilías y buscar la manera de revestirse de credibilidad ante la imposibilidad de controlar la información. Si tal vez en algunos casos podía manipular la información en los medios tradicionales de comunicación apelando a la creencia de los dueños o de los anunciantes, en tiempos de twitter en los que cualquiera puede expresar su opinión y difundirla, todo se le complica.
El alto clero enfrenta una paradoja que hasta el momento no sabe resolver, por un lado nadie en el Vaticano quiere aceptar los cargos de abuso sexual de sus miembros, en distintas partes del mundo, porque esto los pondría en una situación de debilidad y descrédito. Perderían feligreses y considerando que los casos más frecuentes fueron en Sudamérica, el “último bastión” del catolicismo agudizaría su tendencia a la perdida de feligresía. La paradoja es que el no aceptar las acusaciones los ha llevado a sobornar jueces, hechos que por el despunte de los mass media son difíciles de ocultar. Todo esto causa en la imagen del clero católico desprestigio, no solo por las violaciones sino por actitud indolente ante los hechos.
Retomo las preguntas que mis dudas me llevaron a formularle a mi mamá. Veo la consecuencia del acceso a la información que no permite la existencia de dudas ante las atrocidades. “Los nuevos tiempos se traducen en “la presión de la sociedad civil que reclama información […] la respuesta social se ha expresado con el respaldo a películas que enfrentan y tratan temas de la vida cotidiana de los religiosos, libros que expresan las tensiones entre las creencias y los dogmas” (Masferrer 2009: 112). La impunidad y el fundamentalismo religioso van en línea decreciente ante el acceso a la información que con el tiempo le quita espacio al poder pastoral del catolicismo y permite la posición fiscalizadora de sus feligreses.

Notas:

Masferrer, E. (2009). Religión, poder y cultura: ensayos sobre la política y la diversidad de creencias. México: Lito Nueva Época.

Hotel Rwanda

Una película que inicie con la premisa de “Basada en hechos reales” no tiene pierde. Ustedes saben, hay algo en esa frase que capta todo nuestro interés, sin importar referencias previas, incluso sin conocer el título, ni mucho menos el reparto. Eso me pasó con la película Hotel Rwanda. Estaba en un viaje de estudios en Ayacucho (sierra de Perú), cuando una noche en la habitación del hotel, mientras me alistaba para salir a caminar con unos amigos, al acabar el noticiero, inicio esta película. Cancele a mis amigos y me quedé en la habitación para ver la película.

Me interesa contextualizar lo ocurrido en la película. El complejo entramado histórico de África hace que la tarea de resumirlo en este post sea difícil. Ruanda es un país reconocido por las Naciones Unidas como Estado soberano e incluso ha firmado la declaratoria de los Derechos Humanos. En el país conviven hutus y tutsi, una diferenciación de la población creada por los colonizadores belgas para mejorar la administración. En 1994 inició lo que se conoce como “El genocidio de Ruanda”. El pretexto para dar inicio a los hechos sangrientos fue el asesinato de Juvénal Habyarimana, dictador entre 1973 hasta 1994, quien se reconocía como hutu, el asesinato se le atribuyó a los tutsis. Esto desencadenó la respuesta inmediata del Frente Patriótico Ruandés. La sucesión de hechos oscilan entre la paranoia de un grupo, las respuestas violentas de los otros y de los cálculos políticos de las potencias extranjeras.

La película se centra en el momento del estallido de los hechos trágicos. Es la historia de la familia de Paul Rusesabagina. Él es el gerente del hotel Des Mille Collines. Gran parte de su vida ha basado sus acciones en ganarse la confianza y el aprecio de personas ligadas de alguna manera al poder, con la intención de obtener ventaja de ellas en algún momento de crisis. No es extraño ni paranoico proyectarse a futuro en la África secesionista. Cuando se desencadena la violencia refugia a su familia en el hotel donde trabaja. Tiene que sobornar a militares y rebeldes (interahamwe) para salvaguardar la integridad de su familia y de algunos vecinos.

La mayoría de las escenas transcurren en el hotel con escenas alternadas de la violencia en las calles. Por ser hechos inspirados en la vida real, sabemos que el final puede no ser tan feliz como las ficciones. Esperamos un desenlace fatal con alguno de los miembros de la familia. La tensión es por momentos alta y creemos que la muerte de los personajes es casi un hecho consumado. En estos momentos, la desesperación, cunde en la película y gran parte de esto se lo debemos a la interpretación de Don Cheadle (Paul). Con una carga dramática equilibrada desarrolla con solvencia el papel de líder, que aun siendo hutu, puede ganarse la admiración de sus trabajadores tutsi.

El leitmotiv de la historia es la huida de la familia, pero esto sirve de excusa para mostrar lo absurdo de un conflicto. Se ha intentado atribuir la responsabilidad del genocidio a una supuesta diferencia étnica, cuando esto fue a causa de la administración belga. No hay mayor diferencia entre los unos y otros. Sin embargo, es claro que este conflicto encontró asidero en las aspiraciones políticas de dirigentes ruandeses (tanto hutus como tutsis desean alcanzar el poder) a los que poco les importó usar argumentos de diferenciación tan absurdos como el ancho de la nariz de unos en contraste con la de los otros.

The Man in the High Castle

Para los historiadores, las ucronías, son lo menos científico que pueda existir. No les dan tregua, no hay lugar para las fantasías. La ciencia ficción en cambio, ha sabido hacer uso de las ucronías para vender libros y arrasar las taquillas de los cines. La película Bastardos sin gloria de Quentin Tarantino es una ucronía contada y realizada con soberbia excelencia. La historia de un escuadrón dedicado a vengar los crímenes nazis es un hecho, que aunque muchos quisieran que sea verdad, no lo es. Nunca pasó así como tampoco Hitler murió en la premier de una película. Las ucronías se sustentan en situaciones y espacios reales, pero con desenlaces distintos a los que todos conocemos. Ahí está lo atractivo del asunto.

Amazon, la compañía estadounidense de venta por internet ha lanzado su segunda producción el año pasado. La serie está basada el libro del mismo nombre; The Man in the High Castle o El hombre del castillo de Philip K. Dick. Este bestseller de 1962, ha sido adaptada en un serie de diez capítulos en su primera temporada. Hasta el momento no he acabado de leer libro, pero por cuestiones de marketing, me atrevo a pensar que el final se ha modificado para dar opción a futuras temporadas.

¿Qué habría pasado si las fuerzas del eje hubiesen ganado la Segunda Guerra Mundial? Esa respuesta nunca la sabremos, pero sí podemos imaginar esa hipotética realidad. La serie The Man in the High Castle transcurre quince años después del fin de la Segunda Guerra Mundial. En 1960 el territorio de Estados Unidos ha sido dividido entre los vencedores, Japón y Alemania. Japón ha creado los Estados del Pacífico y los alemanes el Gran Reich Nazi. La vida en San Francisco es una combinación de tiendas japonesas con estructuras construidas antes de la guerra. Y en Nueva York los alemanes tienen sus centros políticos más importantes del continente.
La historia cuenta dos líneas argumentales. La primera relata las operaciones de un grupo de rebeldes, comparados con terroristas, miembros de la resistencia que buscan recopilar una cantidad de películas sobre “hechos ficticios” de lo que hubiera sucedido si Estados Unidos ganaba la guerra. Los pedazos de cinta se componen por hechos que todos conocemos como el mítico momento en el que soldados estadounidenses colocan su bandera en Iwo Jima o las explosiones de Hiroshima y Nagasaki. En la historia todo esto es producto de una mente decepcionada de la realidad que prefiere recrear ficciones de como le hubiese gustado que pasaran las cosas. Obviamente para los alemanes traficar y distribuir estas películas es traición por lo que la SS anda a la caza de estos rebeldes. La otra línea argumental se narra la tensión entre los líderes de Japón y Alemania. Ambos han convivido en paz por quince años, pero para muchos altos mandos nazis esta situación no debe mantenerse más y deben invadir. Los japoneses parecen conocer las intenciones de los alemanes por lo que siempre están pendientes de lo que sucede en el Gran Reich Nazi.

Lo interesante de The Man in the High Castle es la posibilidad de imaginar una realidad distinta. Esta oportunidad de reescribir la historia en base a hechos reales permite el surgimiento de fenómenos que nunca conocimos y la desaparición de otros que sí tuvimos. Por ejemplo, la ausencia del comunismo en la historia que podría explicarse por el asesinato de Stalin en manos de los alemanes, lo que no permitió el surgimiento de la URSS. Además con la desaparición de Estados Unidos y de sus líderes políticos asesinados en la guerra, el liberalismo no tuvo el impacto que todos conocemos. Así, en este mundo no existen el liberalismo, ni el comunismo, solo el nacionalismo alemán. Esto me lleva a otro aspecto de la serie, el cuidado detallado de la realización, desde la esvástica nazi convertida en el logo de una empresa de telefonía alemana hasta la esvástica proyectada en el Times Square.

En este mundo ficticio la vigencia del nazismo muestra a algunos de sus miembros en conflicto consigo mismos. Arrepentimiento y una mirada crítica ante lo absurdo del pensamiento antisemita. Los héroes de guerra han dejado de recordar los días de la guerra como hechos gloriosos, para sentirse miserables dispuestos a cambiar la situación. Nunca, ni en los juicios de Nuremberg había visto a nazis atribulados y atormentados por su pasado sangriento. La victoria que ahora se convierte en un lastre que deben cargar.

No me gusta que se haya obviado hasta el momento, detalles de cómo los alemanes logran vencer a los aliados. No se cuentan algún tipo de victorias épicas, estrategias de guerra o héroes que hayan surgido para ocasionar este cambio en la historia. Tampoco me gusta la semejanza de los personajes nazis a Hans Landa, interpretado por Christoph Waltz. Como que la ironía confundida con maldad en tantos nazis de ficción vuelve a las actuaciones estereotipadas. En especial un personaje que aparece en los primeros capítulos. Muy trillado. Por lo demás, altamente recomendada.

Dato spoiler: Hitler es un hombre canoso de avanzada edad con párkinson. Sus generales desconfían de sus decisiones y están buscando el momento para traicionarlo. Hay una escena que puede desencadenar en algo parecido a La Noche de los cuchillos largos.

El spoiler de la semana: Bloodline

Debo decir que mis opiniones son SPOILER y si aún no has visto la serie mejor vete hacer otra cosa. La primera temporada de Bloodline esta disponible para los usuarios de Netflix. Transcurre en los Cayos – Florida, en la posada de la familia Rayburn. La tranquilidad de esta familia es alterada con la llegada de Danny, el hijo mayor. Es Danny el motor por el que gira la historia, las vidas se trastocan, cambian y dejan de ser apacibles. Recuerdos del pasado que cobran sentido con sucesos del presente, le dan vitalidad a la historia, que puede tornarse densa por la misma naturaleza de los conflictos cotidianos entre los miembros de la familia. Sin ser muy auspiciosa, sin efectos especiales o tramas fuera de lo común, Bloodline, se sostiene de las grandes actuaciones, del suspenso y el drama.

La historia no es ostentosa, los conflictos son cotidianos y hogareños hasta cierto punto. Un hecho del pasado, que podría parecer a novela mexicana, se vuelve intensa con las conductas en el presente de los mismos involucrados en aquella tragedia. En algún momento, las acciones de unos niños no son disculpados por un adulto. Los remordimientos y los traumas no superados del pasado son los ingredientes principales para que el personaje de Mendelsohn lleve a su familia a una situación insostenible. La posada de los Rayburn en Los Cayos es el escenario para que los errores comunes de una familia sean exacerbados por los actos intencionados de uno de sus miembros.

A Kyle Chandler lo recuerdo en roles secundarios en diversas películas, nunca en un personaje que permita ver en amplitud mayores cualidades. En Bloodline, su trabajo como John Rayburn hace posible que la historia mantenga su aspecto realista. La trama del policía honesto, padre ejemplar y hermano protector es constante durante toda la temporada, sin importar las acciones que con el pasar de los capítulos pueda tomar. Al principio, aún sabiendo gracias a los raccontos, el crimen que cometerá, no dejamos de verlo como alguien honesto y decente. En toda la temporada, John no degenera en un maliante de moral rajada, si es que en Breaking Bad están pensando. Se ve a un ser obligado por las circunstancias y arrastrado por su personalidad protectora. El personaje pierde los papeles en momentos decisivos de la historia, para luego volver con sus actos racionales. Sin embargo, estos errores son además delitos mayores que se contradicen con la vida que lleva.

Sin duda Ben Mendelsohn, es el mejor actor de esta serie. Bloodline es suspenso porque Danny, interpretado por Mendelsohn, consigue engañarnos y hacer que nos preguntemos si realmente sus intenciones son buenas o malas. La duda está presente hasta la mitad de temporada, en la que ya descubrimos cuales son sus verdaderos objetivos. Danny, es el hijo mayor y la oveja negra de la familia, vive alejado de su familia, pero regresa para un evento familiar. Su presencia disgusta a algunos y genera desconfianza en otros. Nadie lo odia, pero preferirían que se mantuviera lejos. La muerte de su hermana cuando eran niños, repercute constantemente en sus recuerdos. Sus hermanos prefieren olvidar el asunto, pero para Daniel no es algo concluido. Muchas de las decisiones que toma en el presente son ocasionadas por el rencor del pasado. Si bien, en los primeros capítulos dudamos de él por ser un tipo carismático y gracioso, a partir de la mitad, la certeza de que sus intenciones no son buenas se confirman. Sus acciones convierten a John, el personaje de Chandler, en un ser exculpado por el televidente de sus crímenes. Todos nos volvemos cómplices y deseamos que Danny desaparezca.

En esta parte seré más SPOILER aún. El crimen de John Rayburn (Kyle Chandler) parece ser perfecto, no hay testigos, todas las coartadas calzadas a la perfección. Con la ayuda de sus hermanos Meg (Linda Cardellini) y Kevin (Norbet Leo Butz), John continuará su vida como policía y padre ejemplar. Sin embargo, los cabos sueltos no van a permitir que la vida de los Rayburn continúen con normalidad. Una llegada inesperada, un testigo y los enemigos serán el motor que impulse la trama en siguientes temporadas. Me atrevo a especular y pienso en lo que pasará con la familia Rayburn, a pesar de sus esfuerzos por mostrarse como personas honestas y decentes, no podrán sobrellevar la culpa de un asesinato. Además, deben lidiar con una mafia dedicada al tráfico de drogas y a la DEA. Existe el dilema entre ocultar o cooperar con las autoridades. Pienso en una familia que quebrará su moral y ética para salvarse. El miedo y las necesidades económicas, luego la comodidad y la solución de sus problemas logrará su conversión en un clan mafioso familiar. Total… Se llama Bloodline, el nombre ya lo tiene. Un tiempo fueron los Corleone, los Soprano, podrían tal vez ser los RayBurn.

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